NP 28 11 2017

En los últimos años el paso ha sido impracticable debido a las zarzas y vegetación arbustiva que ocultaba los tres caños de este manadero, que ahora han salido de nuevo a la luz tras los trabajos de desbroce y limpieza


De los Menudos, Fuente Honda, del Palomar, del Coronado, del Blanquerar o Fuente Grande, en el camino de la Moraleja. Son algunos de los surtidores y manaderos de agua que había a lo largo y ancho del término municipal de Yebes y de cuya existencia se daba cuenta en el plano de la red caminera del Instituto Geográfico Nacional de 1895. Porque aún en el siglo XVI no se tenía constancia que hubiera fuentes públicas en el municipio, por lo que los vecinos se abastecían de agua de pozos y manantiales. Allá por 1580, en las relaciones topográficas de Felipe II y a propósito de Yebes se hacía mención: ‘en el qual nacen unas fuentes pequeñas, y que con el agua crian hortaliza poca, para ayuda del sustentamiento de los vecinos del dicho lugar’. No fue hasta el siglo XVIII cuando se empezó a referir la construcción de fuentes públicas en este pueblo. En el Catastro de Ensenada se alude a la denominada Fuente Buena, en el camino de Valdarachas o Ventanilla.

Situada en la margen derecha de la carretera GU-203 en dirección a Valdarachas, a la altura del paso a nivel que se sitúa a apenas una decena de metros antes de la entrada principal a Yebes, la Fuente de la Ventanilla ha calmado la sed de los vecinos del pueblo durante décadas. Impracticable y de imposible acceso durante años por culpa de las zarzas y la vegetación arbustiva que impedía alcanzar los caños, hoy ya se puede llegar con facilidad hasta los pies mismos de este bello y entrañable manadero gracias a los trabajos de desbroce que han realizado los operarios de la empresa encargada de la mejora y mantenimiento de las zonas ajardinadas del municipio. “Un paraje que formaba parte del patrimonio costumbrista y la historia rediviva de Yebes, que a muchos vecinos les traerá recuerdos imperecederos y entrañables y que hemos recuperado para la posteridad”, aprecia Vidal Gaitán, concejal de Medio Ambiente. Tras descender por una escalinata de piedra de unos pocos peldaños, una trocha libre de maleza conduce hasta la misma fuente.

De dos de los tres caños que conserva brota abundante y refrescante agua procedente del manantial natural que la abastece, que está situado unos cuantos metros más arriba. Sendos chorros caen sobre una piedra sillar y, desde allí, se encauza en un riachuelo que desagua en el curso del Arroyo del Val, que discurre un poco más abajo y que desemboca aguas abajo en el Arroyo de la Vega de Valdarachas. Las crónicas de la época cuentan que las piedras labradas de la cornisa de la ermita de San Sebastián, que en la actualidad hace las veces de cementerio diocesano, fueron colocadas con posterioridad en el frontal de este manadero en la reforma que se hizo en 1986. “Muchos vecinos se han acercado hasta este entorno singular para comprobar que, hoy como ayer, esta fuente invita a hacer un alto en el camino y saciar la sed durante las próximas décadas”, asegura Gaitán.

Un dicho popular que ha llegado textual hasta nuestros días sugiere: ‘a Yebes pan y vino lleves, aceite para el candil y cama para dormir; que agua no te faltará’. Y otro que reza: ‘tres cosas tiene Yebes que no tiene Sevilla: la fuente de los Menudos, el Cañuelo y la Ventanilla’. Aunque hipótesis hay para todos los gustos, no faltan estudiosos que relacionan el significado etimológico de Yebes con los términos ‘fuente’ y ‘arroyo’. En 1786, el cura de entonces abundaba sobre este particular en las Descripciones del Cardenal Lorenzana al describir que ‘a la orilla de este pueblo nacen varias fuentes, cuias aguas son en bastante abundancia y en buena calidad’. Y es que, por regla general, los pueblos de La Alcarria se disponen en laderas, en su vertiente inferior al amparo de los vientos y orientados al mediodía, cerca de manantiales y fuentes. Yebes no es la excepción.

Los más viejos del lugar aún recuerdan que en las proximidades de la Fuente de la Ventanilla había un pilón donde las mujeres bajaban a lavar los menudos de la matanza. No resulta complicado dar hoy con este emblemático espacio. Solo hay que dejarse guiar por la frondosa chopera que, a modo de faro con los colores otoñales, señala el emplazamiento exacto de este inagotable surtidor.

0
0
0
s2sdefault
powered by social2s