En septiembre se cumplirán dos años de la apertura del único dispositivo asistencial de estas características que existe en Guadalajara y cuyas demandas se atienden por teléfono, de forma presencial o desde las redes sociales


 

 

Un total de 224 beneficiarios atendidos entre los meses de septiembre de 2016 y junio de 2017 y otras 434 necesidades satisfechas de septiembre del pasado año hasta hoy. Que completan un balance tan fructífero como gratificante de 658 personas surtidas de ropa y calzado desde que en el otoño de 2016 se puso en funcionamiento el ropero social de Valdeluz. El único dispositivo de estas características que funciona en la provincia de Guadalajara y que gestiona la Asociación de Voluntarios de Yebes-Valdeluz de forma autónoma e independiente. “Ojalá no fuera necesario un recurso asistencial como este, pero lo cierto es que hoy por hoy son muchas las familias que no pueden satisfacer un servicio tan básico como es vestir a sus integrantes, sobre todo, a los más pequeños”, indica Sonsoles Galán, secretaria de la asociación.

Estas son las cifras estadísticas de personas asistidas, aunque en realidad son muchas más pues este armario solidario no pone límites a las prendas de vestir que proporciona. “Una familia con hijos puede llevarse todo lo que les valga y eso significa de doce a quince prendas en una misma entrega; no se pueden poner cortapisas a la necesidad”, explica Rosy Pérez, presidenta de esta entidad sin ánimo de lucro. Se da la paradoja que en ocasiones este ejercicio de solidaridad actúa de efecto boomerang, ya que muchos beneficiarios devuelven la ropa en perfecto estado para que pueda ser utilizada por otros que estén en la misma o peor situación que ellos. “Como una pareja que cuando vino la primera vez ella estaba embarazada; ahora el niño ya tiene un año y, según va creciendo, se lleva ropa para su edad y nos trae de vuelta la que ya no utiliza”, explica la responsable de la asociación.

En septiembre se cumplirán dos años desde la apertura del ropero social de Valdeluz y en este tiempo sus responsables jamás pensaron que esta herramienta serviría para “sacar a flote tantas carencias”. Admiten que en algunos momentos se han sentido “desbordados” por la demanda, pero nunca han pensado en “arrojar la toalla” a pesar del esfuerzo y sacrificio personal que supone el mantenimiento del servicio, que sufragan en parte con el dinero de sus bolsillos. La de la Asociación de Voluntarios de Yebes-Valdeluz es una “labor encomiable” que practican en unas instalaciones cedidas por el Ayuntamiento. “El trabajo que llevan a cabo representa el altruismo de la solidaridad y el acicate de la gratitud”, valora Miguel Cócera, alcalde de Yebes, que abunda en que “no solo tienen nuestro apoyo y reconocimiento”, sino que “en la medida de nuestras posibilidades mejoraremos sus condiciones”.

Los principales proveedores de la ropa que se apila en los estantes son los vecinos de Valdeluz, “que constituyen la materia prima que permite activar esta cadena de favores”, admite la presidenta. Las demandas se atienden a través de las redes sociales, “que se han convertido en una espléndida correa de transmisión para dar a conocer nuestro proyecto”, precisa Sonsoles Galán. Pero también reciben los pedidos por vía telefónica, a través de los servicios de Asistencia Social de los municipios e incluso de forma presencial. Situado en la parte posterior del Centro Cultural de Valdeluz en un barracón modular cedido por el Ayuntamiento de Yebes, el ropero social abre los martes de 11 horas a una del mediodía y todos los jueves en ese mismo horario y de seis a ocho de la tarde. A donde acuden directamente los interesados, en compañía de la asistente social y hasta en vehículos de la Guardia Civil al no tener medios para desplazarse. “Por supuesto, siempre desde el respeto a las circunstancias personales de cada beneficiario y con absoluta confidencialidad”, advierte la presidenta.

El perfil que más se repite de personas atendidas es el de matrimonios jóvenes con niños pequeños e incluso con madres embarazadas y familias con hijos hasta los catorce o 15 años. “En ocasiones nos envían las fotos de los niños con la ropa puesta en señal de agradecimiento, lo que sin duda es la mejor recompensa”, explica Rosy Pérez. Aunque a veces nada más hacerles entrega de los zapatos, no esperan a estrenarlos en casa. “Nos sucedió con una familia de Fontanar; fue ponerle el calzado y el niño echó a correr tan contento. Era la imagen de la felicidad en estado puro”, recuerda la secretaria. Y es que los miembros de la Asociación de Voluntarios de Yebes-Valdeluz reconocen que sirven de paño de lágrimas. “Y hasta de orientadores porque muchos necesitan alimentos que no tenemos, por lo que les derivamos a los dispositivos asistenciales que atienden esas necesidades”, puntualizan.

Pantalones, anoraks, camisas, chandals, sudaderas y bodys. Perfectamente amontonados en baldas y clasificados por tallas y edades. En un pequeño almacén anexo y colocados en perchas se organiza la ropa de abrigo: chaquetas, cazadoras, plumíferos, parkas y gabanes. En el ropero social de Valdeluz todo está en su sitio. El espacio se les ha quedado pequeño y tienen que aprovecharlo al máximo. “Es un inconveniente porque nos impide desarrollar mejor nuestra labor, pero estamos seguros que este hándicap se resolverá más pronto que tarde”, afirma la presidenta. Cuando se quedan sin existencias, recurren a los bonos canjeables que les entrega la Concejalía de Bienestar Social para reponer la ropa que les falta en las tiendas de segunda mano que la organización Humana gestiona en Madrid. “Sobre todo, vestuario de verano e invierno para niños de 4-5 años, que es lo que más nos piden y, a partir de ahí, hasta los 14 años”, precisa Galán. Y para que el viaje les salga rentable, aprovechan las ofertas de un euro por cada pieza, “así con un vale nos podemos traer hasta 30 prendas diferentes”.

La Asociación de Voluntarios de Yebes-Valdeluz opta a las subvenciones que convoca el Ayuntamiento de Yebes, que en el último año ascendieron a 900 euros. Para complementar esa ayuda y obtener una fuente extra de ingresos, de forma periódica celebran mercadillos solidarios en los que ponen a la venta los libros y juguetes que les donan los vecinos, así como manualidades confeccionadas por los propios socios. “Es verdad que casi siempre son los mismos quienes nos echan una mano y que nos gustaría que ese apoyo fuera más generoso, porque todo el dinero que obtenemos revierte en el servicio”, explica la secretaria. Y como lo suyo es pensar en los demás, también han acondicionado un espacio junto a la caseta del ropero social con huertos sociales en altura, que pueden usar las personas mayores con problemas de movilidad para practicar la horticultura.

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