NP 29 10 2017

El público pudo descrubrir los cráteres y planicies de nuestro satélite natural, además de otros objetos de los cielos otoñales, como la galaxia de Andrómeda o el cúmulo estelar de las Pléyades


Es el satélite natural del Sistema Solar de mayor diámetro en comparación con el de su planeta. A la capa superficial de material fino y color grisáceo que pudo formarse durante un persistente periodo de impactos de meteoritos se le denomina regolito lunar. La distancia que le separa de la Tierra fluctúa y se denomina apogeo al máximo alejamiento y perigeo a la mayor proximidad, circunstancia que se sabe a ciencia cierta porque los astronautas del Apolo XI dejaron allí un espejo que apunta a la Tierra y devuelve un rayo láser a su destino. Se separa de nosotros a razón de casi 4 centímetros cada año y conforme se distancia va ralentizando la rotación de nuestro planeta, que hoy es de 24 horas. A los movimientos oscilatorios reales o aparentes que realiza cada mes y que modifican ligeramente la zona visible se les llama libración. Y las oscilaciones térmicas de temperatura entre el día y la noche pueden llegar a ser de 250º C. Son algunos datos curiosos que ayer se dieron a conocer de la Luna durante la observación nocturna que se llevó a cabo en el bosque de Valdenazar.

Con motivo de la Noche Internacional de la Observación de la Luna, el Aula Municipal de Astronomía y el Ayuntamiento de Yebes quisieron aportar su grano de arena a la conmemoración de este evento mundial. Casi 200 personas acudieron a una efemérides coordinada por la NASA que desde 2010 se celebra en más de 50 países y con la que se quiere fomentar la observación, valoración y comprensión de nuestra Luna, al mismo tiempo que valorar los avances alcanzados en la exploración espacial y las ciencias planetarias. Los amantes y curiosos de la astronomía en general tuvieron la oportunidad de adentrarse aún más en el conocimiento de nuestro satélite y en los misterios y realidades del espacio y el Sistema Solar. La fecha elegida en el equinoccio de otoño obedece a que la climatología es si cabe más favorable en muchas zonas del hemisferio Norte, principalmente. Esa noche, fueron muchos los que pudieron descubrir los secretos de su formación, su historia y cómo influye en la vida en la Tierra.

La climatología propicia y las buenas condiciones del cielo contribuyeron a que la actividad tuviera un amplio seguimiento. Durante más de dos horas y de forma interrumpida, los telescopios apuntaron a la Luna para ofrecer imágenes espectaculares de los mares, planicies y cráteres. Desde la ‘quedada’ del pasado 12 de agosto con motivo de las Perseidas, AstroYebes no había convocado una observación de estas características. “Tras más de dos meses de parón, se notaba que la gente estaba deseosa de escrutar la bóveda celeste con estas experiencias, que reúnen a un público tan ávido como variopinto y entendido”, valora Miguel Cócera. Desde el mes de febrero y hasta agosto, estos reconocimientos del cosmos desde el Punto de Observación Astronómica del bosque de Valdenazar congregaron a más de 1.200 espectadores en media docena de observaciones. Una convocatoria gratuita que se orienta sobre todo a familias, aficionados y curiosos.

Con la Luna en cuarto creciente, era el momento idóneo para apreciar su majestuosidad a través de los telescopios. Las sombras de los cráteres, montañas y demás accidentes geográficos se proyectaban de forma alargada y propiciaron magníficas estampas de la superficie lunar. Y no solo eso. Además de nuestro satélite natural, el público pudo disfrutar de la vista de otros objetos muy identificables en los cielos otoñales. Como la constelación de Andrómeda, la más grande del Grupo Local al que pertenece la Vía Láctea, que a 2.537 millones de años luz de la Tierra se mostraba en todo su esplendor por encima de las cabezas de los espectadores. O el cúmulo estelar abierto de las Pléyades que se ubica en la constelación de Tauro y que, a 443 años luz de nuestro planeta, ofreció una magnífica visión con sus cerca de un millar de estrellas.

El próximo acontecimiento astronómico será la única superluna de este año, que se verá el domingo 3 de diciembre, al coincidir con su máxima aproximación a la Tierra. O la llegada de las Gemínidas, la lluvia de estrellas más intensas del año con una frecuencia máxima de 120 meteoros a la hora y que llegará a su auge en la noche del 13 al 14 de diciembre.

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