La obra de esta original creadora venezolana afincada en Torija se puede ver hasta el próximo jueves 27 de junio en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural de Valdeluz


 

Desde una amoladora y cortafríos hasta alicates, destornilladores y martillos. Son las herramientas que utiliza Elena Fernandes para confeccionar sus curiosas, insólitas y sorprendentes obras de arte.

Por eso el lugar en el que trabaja, diseña y manufactura cada una de las composiciones en su hogar de Torija se asemeja más a un taller mecánico que a un estudio al uso. El suyo es un estilo figurativo y abstracto que utiliza como técnica el collage y ensamblaje de piezas, que encuentra y selecciona en chatarrerías, basureros y desguaces. En esa amalgama de materiales hay tornillos, tuercas, cadenas de bicicletas, muelles, clavos, botones, arandelas, manguitos, imperdibles o cremalleras. Y no solo objetos metálicos sino también de origen vegetal, plásticos y acero, de goma o aluminio. Que una vez elegidos hay que lavar, trocear, pulir y manipular. Para después reunir y clasificar por el tamaño y formas. Naturalezas muertas que en sus manos cobran vida y se convierten en un vehículo de expresión.

“Lo mío es convertir el desecho en una composición artística a partir de un lienzo en blanco que, en mi caso, es siempre una madera”, explica Elena Fernandes. De formación completamente autodidacta, a esta artista nacida en Venezuela le sobrevino la inspiración a su llegada a España. Los comienzos en su tierra natal fueron en tamaño reducido. Aquí fue donde averiguó que quería y podía trabajar en un formato de dimensiones más exigentes. “Pasar de la miniatura a este considerable tamaño fue como atreverme a pensar en grande”, rememora. Con ‘Pulpo’ empezó todo. Es la obra con la que concurrió hace un año a ‘Guadalajara tiene talento’, iniciativa auspiciada por la Asociación Cultural ‘Anburtor’ y el Ayuntamiento de Guadalajara para reconocer el trabajo de los artistas de nuestra provincia. Ella se alzó con el primer premio en la modalidad de pintura. Un reconocimiento que le ha obligado a exprimir al máximo su faceta creativa para, durante todo un año, concebir, afinar y definir su estilo y producción.

El resultado de este arduo y concienzudo trabajo es ‘Colección Sombras’, más de una quincena de obras que se pueden ver en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural de Valdeluz hasta el próximo jueves 27 de junio. Con las que Elena Fernandes quiere suscitar la reacción del público en forma de preguntas y respuesta, de sugerencias e interpretaciones. Ella misma admite que el resultado final no siempre se parece a la idea original. “Una vez escogidas las piezas, llega el momento de iniciar la obra y nunca me planteo qué es lo que va a salir de ahí, por eso me emociona el desenlace final”, opina. Desde aquella composición con la que se impuso en el concurso de genios en ciernes hasta hoy hay una evolución. De la confusión al método. De la saturación al equilibrio. De la hostilidad a la armonía. De la turbación a la tranquilidad. Como si en su cabeza todo se hubiera ya ordenado. Aunque no tiene claro que haya llegado al final del camino. “Queda aún mucho por hacer en lo tocante a técnica y ensamblaje, a conseguir más limpieza en la obra”, valora la artista venezolana.

Pero si se trata de buscar un culpable a esto que hace Elena Fernandes, ese no es otro que su actual pareja. Dibujante y caricaturista de profesión. “Él fue el motor que necesitaba para lanzarme a esta aventura, mi fuente de inspiración”, evoca. Antes de ese reencuentro, ella había trabajado en una galería de arte en Caracas, una experiencia embriagadora que fue como abrir una ventana. “Estaba en los fogones de una cocina donde cada día me alimentaba de una cantidad colosal de ingredientes que no me atrevía a combinar, algo que me frustraba porque los tenía delante de mis narices y no era capaz de ponerme manos a la masa”, recuerda emocionada. Carlos le invitó a participar en un mural que le habían encargado en la capital venezolana y aquello fue como una liberación. Ese contacto con la pintura, el aprender a soltar la mano, era lo que necesitaba para descubrir esta habilidad artística que permanecía oculta y que ahora ha visto la luz.

Mucho tiene que agradecerle esta peculiar creadora que reside en Torija a aquella primera obra suya, que tenía que haber sido un espantapájaros y acabó siendo un pulpo. Un año en el que ha vivido toda una cadena maravillosa de acontecimientos. Tiempo suficiente y necesario para descubrir un mundo de posibilidades en torno al residuo, a materiales inertes con un formidable potencial. Elena Fernandes se apasiona cuando se trata de combinar formas, texturas y colores. Y le fascina recoger, reconstruir y transformar residuos para crear arte. El resultado son obras que integran esos cachivaches que nadie quiere en composiciones armónicas y asombrosas que están inspiradas en la vida, la ecología, el reciclaje y la transformación. Una pasión por la creación que le sobreviene en almacenes, aserraderos, desguaces, escombreras y vertederos. “Cuando descubro todas esas piezas abandonadas y las llevo a mi taller, la conexión es absoluta”, asegura la artista. Antes muerta que sencilla.

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